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Un corazón que escucha: Nuestra visita a las fiestas de Santa Ana en Torremanzanas

Hoy hemos tenido la alegría de compartir y celebrar las fiestas en honor a la titular de la parroquia, Santa Ana en Torremanzanas, una jornada entrañable llena de fe, tradición y convivencia.

Celebrar a la abuela de Jesús nos invita, de manera inevitable, a volver la mirada hacia nuestros propios mayores. En un mundo que avanza tan de prisa, la figura de Santa Ana nos recuerda la importancia fundamental de cuidar, honrar y escuchar a nuestros abuelos. Su ejemplo de vida, paciencia y amor incondicional no solo nos forma espiritualmente desde que somos muy pequeños, sino que sienta las bases de lo que somos como personas. De ellos aprendemos la fe viva, el valor de la familia y la riqueza de la experiencia.

El regalo de un «corazón oyente»

Esta festividad nos deja una profunda enseñanza interior. Inspirándonos en la oración del rey Salomón (1 Reyes 3, 9-12), quien en lugar de pedir riquezas o larga vida pidió a Dios un «corazón oyente» (lev shomea), la fiesta de hoy nos invita a cultivar la humildad.

Un corazón que escucha es lo opuesto a la soberbia: es un corazón que no pretende erigirse en un pequeño «dios» a la medida de sus caprichos o ambiciones, sino que reconoce su pequeñez y se pone, con generosidad, al servicio del hermano. Eso es lo que nos enseñan nuestros mayores y lo que le pedimos a la titular de la parroquia: la capacidad de discernir, de escuchar al otro y de servir con amor.

Agradecimientos

Queremos expresar nuestro más sincero y caluroso agradecimiento:

  • A las Festeras de Santa Ana, por su dedicación, ilusión y el inmenso trabajo realizado para que estas fiestas mantengan vivo el espíritu de la comunidad.

  • Al Ayuntamiento y a la Corporación Municipal de Torremanzanas, por su acogida, organización y colaboración.

  • A todos los torruanos y torruanas, por abrirnos las puertas de su pueblo y de su corazón con tanta calidez y alegría.

Que Santa Ana y San Joaquín sigan protegiendo a nuestras familias, custodiando a nuestros abuelos e inspirándonos a todos a vivir con un corazón humilde y dispuesto a escuchar.

«Da, pues, a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal...»

1 Reyes 3, 9




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